lunes, 21 de mayo de 2018

Bucles dorados

Con su brazo siempre alargado la niña de bucles de oro pasea.
Pasea alardeando los globos que lleva atados a su muñeca,
es parte de ellos y ama verlos volar lo mas juntos posible,
los sostiene sin darse cuenta de que vuela junto a ellos.

La niña de rizos dorados no suelta sus coloridos globos,
estira y encoje el lazo pero nunca deja que se separen.
A pesar de lo disperso que floten por el viento caprichoso:
jamás los pierde de vista.

Ella sonríe y tararea con su vivaz inocencia,
no piensa que es la mas fuerte pero simplemente lo es.
No sabe que lleva el poder de unir,
campante e inocente constantemente lo hace.

Le tararea lindas canciones a las tormentas,
le hace ojitos a las desventuras,
le sonríe a la vida en cualquiera de sus matices.

Colorea al mundo con su vibrante andar,
logrando que no se pierdan de vista entre ellos,
sostiene a sus amados globos para que no se cansen de volar.
Siempre llenando de dicha y alegría
a todo aquel que se le acerca al caminar.



Feliz cumpleaños, Herma.

viernes, 13 de abril de 2018

Definitivamente, el Yoga atrapó a este plebeyo.

Vivir el momento, vivir cada jugada. Disfrutar cada partido a través de cada situación que se nos presente en él, desechando el pasado pero sin desestimar el aprendizaje que cada situación del partido nos deja, para que con la serenidad mental ideal puedas codificar las tendencias del rival que te permita tomar mejores decisiones futuras.


Disfrutar el partido: elevando tu espíritu y siendo consciente de cada sensación que tus sentidos perciban, para que se almacenen como lindos matices en la alegría de hacer lo que más amas. Pero a su vez, consciente de no mezclar todos esos hermosos estímulos irracionales con la quirúrgica y extenuante tarea mental de la toma de decisiones, en forma vertiginosa y en fracciones de segundos.


Escuchar tu cuerpo: él nos manda mensajes que hay que saber tener presente. Es nuestro hogar y, en el fútbol, nuestra herramienta de trabajo. Saber en dónde no está del todo bien, y saber en qué momento exigirle mas. No es sólo un trabajo físico, de flexibilidad, de alineación, de fortalecimiento, más importante es: saber escucharlo y conocerlo.

Elevar tu inteligencia emocional: a partir de mi, y de mi sensación de bienestar, me permito llevar a otro nivel mi relación con el universo, es decir, con mis compañeros de equipo. Llevar el aspecto social a un constante servicio por el prójimo producto de tu estado de plenitud te integrará de manera mas íntima con tu prójimo, tu compañero.
  
Todos estos beneficios, que mayormente no tiene nada que ver con lo físico, son los que el Yoga me ha regalado. El Yoga ha potenciado mi vida, por ende, mi carrera. Los últimos meses han sido uno de los mejores a nivel futbolístico, en cantidad de minutos, y más importante aun, en la calidad de ellos.

Las situaciones dentro de la cancha, para utilizar una metáfora cinematográfica, las vivo en slow motion. La sensación de controlar todo lo que pasa en mi interior, y proyectarlo para tener ascendencia en el partido son más claras por ese mismo hecho de tener la capacidad de bajar las revoluciones de mi tiempo. En consecuencia, uno se permite alargar el tiempo para poder decidir mejor, porque de eso se trata el futbol, de decidir. 


En un post que hice hace unos años(http://rickyandreutti.blogspot.com/2014/07/larga-vida-las-escenas-en-slow-motion.html) hablaba de que las escenas de mayor plenitud en la vida, esas que no se olvidan, se perciben en cámara lenta, y precisamente a eso me refiero. Porque aún tengo presente en mis sentidos, en mi mente y en mi espíritu cada sensación de los partidos en los últimos meses: la fría lluvia de Sao Paulo, las segundas pelotas y el achique de las lineas de pases contra Independiente. La facilidad para encontrar a los compañeros de ataque detrás de las espaldas de los mediocampistas defensivos de Portuguesa, el equilibrio táctico cuando el equipo atacó tanto contra Trujillanos, el olor de la hierba húmeda del Monumental de Maturín cuando siempre pude dar salidas claras y precisas que ayudaron a ganar el partido. Lograr bloquear cualquier incertidumbre que genera un debut en Libertadores contra el equipo de moda en Sudamérica, que para colmo, esa incertidumbre pudo haber crecido por la falta de luz en el estadio y no saber si se iba a jugar. La plenitud que te genera ganar un partido internacional, el orgullo y el disfrute del cómo se jugó contra Corinthians, el equipo de mayor poder económico en el continente, en el estadio donde se inauguro el último mundial. Esto, y más, permanece registrado en ese almacén multisensorial que todos tenemos.



En fin, el Yoga me ha permitido elevar mi calidad de vida a nivel mental y espiritual, me ha permitido potenciar mi carrera. Permite darme serenidad en este momento de incertidumbre que vive el país, porque a nosotros también nos afecta, estando muy lejos de mi gente, del amor de mi vida (que bastante me hace falta), y de mi círculo íntimo; porque todos ellos también tuvieron que emigrar. Siendo claro de las circunstancias de mi presente, viviéndolo y disfrutándolo, se puede ayudar al entorno a nivel profesional, pero más importante aún, a nivel social. Siempre hay formas de mejorar tu entorno, tu universo, partiendo de tu bienestar.  

lunes, 19 de marzo de 2018

! Chin-chin, Mon chéri!

Aunque al rey de copas venciste,
la victoria quedó en el olvido.
No está la Reina en su palacio.
Ella, tu Única para compartir de esa copa.

Porque las grandes hazañas son:
Pequeños preludios del ¨gran¨ hombre
para el disfrute del elíxir de la compañía de su musa.
Su motivo.

El motivo no es la victoria,
es su amago de sonrisa de orgullo.
Es la aprobación de la ofrenda a la reina.
Ofrenda que nace en la representación de eso que nos define.
Ganarle al rey de copas sin la reina en casa no es hazaña,
es una simple linda estrofa para una linda fábula.

El sonido de las hazañas con la reina en su palacio
es tan dulce como un vals.
El sonido de las hazañas sin su alteza
es un lindo bramar de algarabía para el pueblo.

Las victorias sin ella son refrescantes,
pero con ella:
Saben a vino de la mejor cosecha.

¨Las mejores uvas para su copa, por favor.¨
! Chin-chin, Mon chéri!


viernes, 9 de febrero de 2018

Una ola, una ola, una ola que me acerque a ti.

Entre triste melancolía y orgullo te despido. Aun faltan 24 horas y ya te siento lejos, un soplo de alfileres rozan mi alma para darle cabida a un sin número de sentimientos en constante contradicción, pero enorgullecidos al fin.

¿Esto puede ser tan sabio como para desprenderse de un alma que lo mantiene vivo para que sea libre y despegue?

Me despido con alegría, esa alegría de quién desea el cielo y la gloria a quien sus suspiros le pertenecen.

Vuela que acá tienes un puerto seguro. Vuela que cuando tu corazón pierda fuerzas dejas uno de repuesto a la distancia, que ante el dolor de la nostalgia decidió latir mas fuerte con la intención de que cuando lo necesites sientas lo mucho que te desea. Porque acá está para ti, para que te asomes por su ventana y leas su  mensaje, veas su ¨para siempre¨ escrito con la estela de tu aroma.

Un corazón arrugado pero fortalecido por tu dicha no cabe de orgullo en este pecho, este mismo de quien ya no posee su título de propiedad. Hoy mantiene mis fuerzas mis ganas de perseguirte, mi rumbo cambio de guía, ya no toma la mano de un sueño: va en dirección de tu ser, de la gloria de tu estar. Tuyo por siempre, tuyo para ti. 

Una ola, una ola, una ola que me acerque a ti.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ese gesto

Con la misma paciencia con la que vuela una hoja de cerezo silvestre cuando cae en un otoño cualquiera, sus pestañas se encuentran y deciden abrazarse por un breve instante. Con rigorosa sincronía, el elegante magnetismo de su hombro hace girar su cabeza de medio lado e inclina su delicado mentón creando un ángulo perfecto. Es inevitable no rogarle al tiempo que ralentice su marcha aunque sea por un instante y deje de lado su tediosa monotonía, que tenga paciencia para que me deje disfrutar tan sólo un poco más de ese sublime momento.

En lo que va de vida ninguna noche me ha regalado un menguante tan perfecto como el que se dibuja en la comisura de su labio con su rostro de perfil, ese rostro que pretende esconder una mirada que busca, siempre con la clase que la caracteriza, disimular la timidez producto de esta certeza. Porque ese gesto la delata, ella lo cree, es feliz: sonríe.

Es desesperantemente ridículo y exagerado este mar de metáforas para recrear esta escena, lo único coherente es el suspiro que llega a su pecho en forma de ola, que cierra el telón de esta obra de la cual soy el único espectador. Este es mi Odeón de Herodes que abre el telón al antojo de mi afinada puntería, para disfrutar la fotografía de mi musa cuando los incontrolables caprichos de un corazón inspirado deciden enaltecer su belleza y lo que en mí genera.

Ella me cree, lo sé, ese gesto la delata. Y hasta que no posa su frente sobre mí y toma mi brazo, no vuelvo al tiempo real, allí permanezco, en un espacio en el que sólo ella es capaz de ir a buscarme.

Ese gesto.

domingo, 18 de junio de 2017

Es un buen tipo mi viejo

Apoyado sobre la cerca, en ese húmedo cambio estacional lombardo entre el lluvioso otoño y el frío invierno de Como, Italia; allí se encontraba el padre. La temperatura oscilaba entre los 4 y 8 grados centígrados, que cuando se mezcla con la humedad no hay formar de parar el paso del frío hacia el interior de los huesos, de igual forma ahí seguía él. Su mirada evidenciaba el orgullo de un padre viendo jugar y luchar por un lugar en el equipo de la ciudad a su hijo. Se sentía cómplice de un sueño, lo asumía como propio.

Lo que no sabían ambos era que el beso antes de entrenar -sí, con 18 años, y todavía, saluda al padre con un beso- era el último que se daban hasta un año después en la vuelta a Venezuela. Porque el hijo se encontraba del otro lado del océano desde hacía unos meses antes de la oportuna cita de trabajo del padre, casualmente en la misma región del país cuna de sus apellidos, buscando un equipo que le permitiera hacer carrera en ese lado del mundo. Después de terminar con sus obligaciones laborales, el viejo se dedicó a acompañar y ser apoyo en cada una de las pruebas en los equipos donde el joven que buscaba hacerse su propio lugar en uno de los mercados más difíciles, Il Calcio italiano, sumaba decepciones como barajitas repetidas del álbum panini.

Fue desgarrador terminar el entrenamiento, que bastantes esperanzas daban de lograr quedar en el equipo debido a la espectacular presentación en el amistoso de prueba, y no poder compartirlo con su padre, ya que sólo podía ver medio tiempo porque su tren partía a Milano para tomar un avión que lo devolviera a Caracas. Osada jugada la del padre al exprimir su tiempo al máximo para poder ver, aunque sólo medio tiempo, a su hijo jugar en el futbol que más disfrutaba, en el italiano.

Por la nerviosa euforia de afrontar la enésima prueba y la ansiedad que lo controlaba, y rogándole a la fortuna que esa no se convertiera en su sexta decepción en tan solo un par de meses de pruebas en diversos equipos, no era consciente de que no encontraría a su viejo fuera del campo sea cual sea el resultado de la prueba. Fue después del amistoso que sentenciaría su suerte, en la ciudad del lago que da orilla a una de las zonas más aristócratas del norte italiano, que el ansioso chamo cayó en cuenta que no vería más a su viejo hasta no saber cuándo. Ese fue el día en que el noble corazón de un adolescente saboreo la salada lagrima de una despedida y supo que los adioses no eran para él.

Han pasado casi doce años, lo que a priori pareciera un día de despedidas y otro nuevo fracaso, el ¨ya no tan chamo¨ recuerda con orgullo la noble imagen de su padre soportando la desgarradora humedad del invierno alpino. Ve sin miopías el ejemplo de un padre que está ahí para apoyar y ser muestra de fortaleza, apoyo y consecuencia. Con los codos apoyados sobre la cerca, un sweater de algodón de un azul gastado por el uso que apenas lograba contener las embestidas de una brisa que acuchilla la piel, y el ceño fruncido: el viejo se hacía paso con la vista para lograr ver las jugadas del centrocampista centrale de 18 años, su hijo. Que por cosas lindas del futbol le daba la oportunidad de compartir equipo, aunque fuera por solo un día, con el ex mundialista y ex milanista rumano Florin Raducioiu de 36 años.

Han pasado casi doce años desde que en un banco de madera a unos kilómetros de las elitistas mansiones del otro lado del lago di Como, el chamo utilizó un helado de stracciatella y nocciola para ahogar las penas de la despedida que no quería y, a la vez, no pudo dar a su padre, y la frustración de la noticia de que Il Mister  del equipo no estaba interesado en el juvenil italo-venezolano que había ido a prueba. Seguramente ese día forjaría el temple de un insoportable luchador, que estaba dispuesto a hacer las maletas para viajar en tren al sur de la bota esa misma noche, precisamente a Castelvetrano provincia de Sicilia para otra prueba.

Seguramente estas líneas derrumben ese estado de inconciencia, por el hecho de que el helado que normalmente pido en las 4D es el Stracciatella con Nocciola, mi favorito.

Para ti, viejo.

martes, 6 de junio de 2017

El grito del mudo.

Brazos cruzados, energía latente.
Estas circunstancias que atan
un galopante deseo de subversión.

Impotente, pero sin odio;
bienvenido déspota desinterés 
del destino de los esbirros.

Posición cautelar,
discurso comedido, pensado.
Arrebatos descontrolados 
nos los queremos:
caldos de cultivos 
catalizadores de cataclismos humanos.

Pero, ¿dónde te encuentras, humanidad?
Pero, ¿cómo se atreven a llamarlo humanidad?

¿De dónde salieron, banderas?
Mundo: identifícate con otras preocupaciones:
inmateriales, intangibles;
sí puros, nutritivos.

Insomnio inoportuno
te relames de la impotencia,
esta versión de carroña pro activa.

Nunca es suficiente,
no soy suficiente.
El sumar se eclipsa 
con sentimientos de insuficiencia.