domingo, 18 de junio de 2017

Es un buen tipo mi viejo

Apoyado sobre la cerca, en ese húmedo cambio estacional lombardo entre el lluvioso otoño y el frío invierno de Como, Italia; allí se encontraba el padre. La temperatura oscilaba entre los 4 y 8 grados centígrados, que cuando se mezcla con la humedad no hay formar de parar el paso del frío hacia el interior de los huesos, de igual forma ahí seguía él. Su mirada evidenciaba el orgullo de un padre viendo jugar y luchar por un lugar en el equipo de la ciudad a su hijo. Se sentía cómplice de un sueño, lo asumía como propio.

Lo que no sabían ambos era que el beso antes de entrenar -sí, con 18 años, y todavía, saluda al padre con un beso- era el último que se daban hasta un año después en la vuelta a Venezuela. Porque el hijo se encontraba del otro lado del océano desde hacía unos meses antes de la oportuna cita de trabajo del padre, casualmente en la misma región del país cuna de sus apellidos, buscando un equipo que le permitiera hacer carrera en ese lado del mundo. Después de terminar con sus obligaciones laborales, el viejo se dedicó a acompañar y ser apoyo en cada una de las pruebas en los equipos donde el joven que buscaba hacerse su propio lugar en uno de los mercados más difíciles, Il Calcio italiano, sumaba decepciones como barajitas repetidas del álbum panini.

Fue desgarrador terminar el entrenamiento, que bastantes esperanzas daban de lograr quedar en el equipo debido a la espectacular presentación en el amistoso de prueba, y no poder compartirlo con su padre, ya que sólo podía ver medio tiempo porque su tren partía a Milano para tomar un avión que lo devolviera a Caracas. Osada jugada la del padre al exprimir su tiempo al máximo para poder ver, aunque sólo medio tiempo, a su hijo jugar en el futbol que más disfrutaba, en el italiano.

Por la nerviosa euforia de afrontar la enésima prueba y la ansiedad que lo controlaba, y rogándole a la fortuna que esa no se convertiera en su sexta decepción en tan solo un par de meses de pruebas en diversos equipos, no era consciente de que no encontraría a su viejo fuera del campo sea cual sea el resultado de la prueba. Fue después del amistoso que sentenciaría su suerte, en la ciudad del lago que da orilla a una de las zonas más aristócratas del norte italiano, que el ansioso chamo cayó en cuenta que no vería más a su viejo hasta no saber cuándo. Ese fue el día en que el noble corazón de un adolescente saboreo la salada lagrima de una despedida y supo que los adioses no eran para él.

Han pasado casi doce años, lo que a priori pareciera un día de despedidas y otro nuevo fracaso, el ¨ya no tan chamo¨ recuerda con orgullo la noble imagen de su padre soportando la desgarradora humedad del invierno alpino. Ve sin miopías el ejemplo de un padre que está ahí para apoyar y ser muestra de fortaleza, apoyo y consecuencia. Con los codos apoyados sobre la cerca, un sweater de algodón de un azul gastado por el uso que apenas lograba contener las embestidas de una brisa que acuchilla la piel, y el ceño fruncido: el viejo se hacía paso con la vista para lograr ver las jugadas del centrocampista centrale de 18 años, su hijo. Que por cosas lindas del futbol le daba la oportunidad de compartir equipo, aunque fuera por solo un día, con el ex mundialista y ex milanista rumano Florin Raducioiu de 36 años.

Han pasado casi doce años desde que en un banco de madera a unos kilómetros de las elitistas mansiones del otro lado del lago di Como, el chamo utilizó un helado de stracciatella y nocciola para ahogar las penas de la despedida que no quería y, a la vez, no pudo dar a su padre, y la frustración de la noticia de que Il Mister  del equipo no estaba interesado en el juvenil italo-venezolano que había ido a prueba. Seguramente ese día forjaría el temple de un insoportable luchador, que estaba dispuesto a hacer las maletas para viajar en tren al sur de la bota esa misma noche, precisamente a Castelvetrano provincia de Sicilia para otra prueba.

Seguramente estas líneas derrumben ese estado de inconciencia, por el hecho de que el helado que normalmente pido en las 4D es el Stracciatella con Nocciola, mi favorito.

Para ti, viejo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario